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Oremos a Dios nuestro Padre y vivamos la vida que Él nos da. |
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COMUNIDAD PARROQUIAL Don Ramón López Sevillano (Párroco de la Comunidad del Espíritu Santo) Dinamismo Evangelizador (Pensando en voz alta) Somos la Comunidad Parroquial del Espíritu Santo. Sin presunción alguna, con buena disposición y voluntad, intentamos cumplir nuestra misión que consiste en : · evangelizar y catequizar en nuestro entorno, acoger a todos, sin distinción alguna. · vivir la fe, dando testimonio del amor de Dios, ejerciéndolo entre los pobres, enfermos, etc. · celebrar la fe en la Eucaristía y los Sacramentos, llenos de alegría y esperanza, · mantener los servicios internos y las instalaciones de la parroquia. Algo conseguimos, entre aciertos y fallos, excesos y lagunas. Es un hecho que nuestra parroquia, en diversos lugares de la Diócesis, goza de buen cartel, tiene buena prensa; lo cual nos llena de satisfacción y nos invita a la responsabilidad; aunque sabemos que no es para tanto; nada extraordinario hacemos. Incluso, en algún caso, se nos ha puesto como modelo; y eso es ya demasiado y no se atiene a la verdad. Me propongo hacer un análisis o chequeo a nuestras actitudes en general y a nuestro funcionamiento, en las diversas actividades. Pienso que para modelo está la Primitiva Comunidad Cristiana reflejada en los Hechos de los Apóstoles y, en parte también, las comunidades cristianas de los primeros siglos. Tengo un escrito, que muchos conocéis, de cuatro folios, sobre esto titulado: “Iglesia hoy. La Parroquia actual. Realidades y aspiraciones”.
La realidad parroquial Puestos a concretar, en nuestra parroquia hay muchos grupos de personas militantes, grupos algunos muy nutridos de personal, muy dinámicos y entregados a su actividad o servicio concreto: Catequesis de niños, jóvenes y adultos, Prebautismales y Prematrimoniales, Cáritas, Pastoral de la Salud, Misiones, Liturgia y Canto, Oración, Economía, Evangelio y Vida, Vida Ascendente, Pastoral Obrera, Equipo de Mantenimiento. No agoto los grupos… Sus miembros son personas creyentes, entregadas, generosas. Estos son el núcleo de la Comunidad parroquial, pues son enteramente conscientes de ser comunidad y están satisfechos de ello. La parroquia les es deudora. ¿Cuántos son? El número no importa demasiado, importa la calidad. Llamémosles “miembros activos” de la comunidad. Militantes. Importa también destacar que hay un número mucho mayor, una gran masa de fieles, asistentes asiduos a la misa dominical, que son cristianos conscientes, cumplidores, que viven su fe de forma más bien pasiva, por lo general. Llamémosles “fieles cercanos”. Hay luego otra masa mucho mayor de “fieles ocasionales”, gente cristiana, que acude a misas de difuntos, a bautizos y bodas de familiares y amigos, más alguna vez a alguna celebración, tal vez a cultos de su hermandad, a procesiones, etc. Por último, están los “alejados” en general, gente que no ha renunciado expresamente a su fe, pero viven ajenos a ella. Todos ellos, sin embargo, pertenecen a la parroquia, son parroquia. Se observa entre los diversos estratos señalados una deslavazón acusada; se comunican entre sí en muchos aspectos de la vida, menos en la fe. No se comunican sus puntos de vista, no discuten; como si las cosas religión y de la fe fueran tabú. Más todavía, muchos fieles cercanos y aún militantes evitan hablar y dar signos de fe, y, en algunos casos, parece que la disimulan. ¿??? ¿Por qué este silencio, este miedo, cercano a la cobardía? Pensemos. Tal vez, en muchos casos, es por inseguridad, por falta de formación para saber dar razón de su esperanza, como pide S. Pedro. Y esto ocurre a gran número de personas. Esto es una iglesia no Iglesia, pues, como no defiende su fe ni evangeliza, apenas puede llamarse Iglesia, ya que la Iglesia es esencialmente apostólica, vive para evangelizar (Evangelii nuntiandi) La Primitiva Comunidad Cristiana Aparece en Los Hechos de los Apóstoles completamente distinta a las igesias de hoy. Entresaco algunos párrafos, que nos sirvan de referencia: a) Los Apóstoles, cuanto que Jesús resucitado se les pierde de vista, en la Ascensión, según Lucas, reciben de los Ángeles un primer aviso: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? Era la hora de comenzar. Mas como tenían que esperar al Espíritu Santo, “la fuerza de lo alto”, “Todos ellos perseveraban juntos en la oración con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús y sus hermanos. b) Apenas recibieron el Espíritu Santo, abrieron puertas y ventanas, Pedro se dirige a la muchedumbre y le dice que Jesús, el que pasó haciendo el bien, y cuya muerte habían pedido muchos de los judíos presentes, está de nuevo vivo por la fuerza y voluntad de Dios; acusa a las autoridades, sabiendo que con ello arriesga su vida. c) Se inicia la 1ª. Comunidad: “Se mantenían constantes en la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). “Todos los creyentes vivían en unión, todo lo tenían en común … diariamente acudía al templo con un mismo espíritu, partían el pan por las casas, tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, gozaban de la simpatía de todo el pueblo, … crecía la comunidad” (2,44-47). d) Los creyentes son ya multitud: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y un solo espíritu. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común. Los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder. Y gozaban todos de gran simpatía. No había entre ellos ningún necesitado, porque los que poseían campos o casas los vendían y traían el importe de las ventas y lo ponían a los pies de los Apóstoles,.” (4,32-35). e) Eran respetados y admirados. ”Se reunían todos en el pórtico de Salomón con un mismo espíritu; y, aunque la gente los alababa, no se atrevían los demás a unírseles. Pero cada vez era mayor el número de los que se adherían al Señor; una multitud de hombres y mujeres” (5,12b-14). f) Evangelizaban: “Ni un solo día dejaban de enseñar en el templo y por las casas; y de anunciar la Buena Nueva de que Jesús es el Cristo (5,42). g) Se organizan. Instituyen los 7 Diáconos; y sigue el relato: “La palabra de Dios iba creciendo. El número de los discípulos se multiplicaba considerablemente en Jerusalén; incluso una gran multitud de sacerdotes iba aceptando la fe”. (6,7). h) Viene luego el martirio de Esteban, la persecución, Saulo y su conversión, la huida de muchos discípulos y, gracias a ella, la propagación de la Buena Noticia a Samaría y a Antioquía de Siria; de donde parte Saulo, convertido en Pablo, con Bernabé a la primera de las grandes aventuras apostólicas. La fe salta a Europa. (Nada de quedarse plantados mirando al cielo). Modelo y referencia para toda Iglesia Aquí, en este espejo, es donde debe mirarse toda comunidad cristiana, sea parroquial o diocesana. Sabemos que el texto de Lucas está idealizado; que, más que la realidad misma, refleja lo que la comunidad cristiana debe ser. Pero de todas formas, aparecen en la narración una serie de virtudes, actividades, actitudes, unidad, dinamismo, que hoy brillan por su ausencia. Destacaré algunas en la seguridad de entre todos descubriremos otras: a) Fe convencida: Los que aceptaba la fe en el Resucitado lo hacían convencidos a fondo; todo lo tenían en contra; hacerse seguidor del Nazareno era como apartarse de lo correcto: no significaba ninguna ventaja material. b) Unidad y espíritu de unión, desprendimiento, colaboración,.. c) Oración privada por las casas y en el templo públicamente. d) Formación: Recibían con constancia la enseñanza de los Apóstoles. e) Celebran la Eucaristía, la Fracción del Pan o Acción de gracias. f) Ejercitan la caridad, el amor mutuo, comparten, se sirven. Naturalmente cada cual seguiría con su trabajo, cosa que Lucas no consigna por ser obvio. Viven la unión de tal manera que dan la impresión de estar en perpetua convivencia. Viven una armonía, alegría de espíritu y sencillez que sirven de admiración y espectáculo al resto de la gente. El bien es difusivo, la alegría es contagiosa; esa es la razón de la atracción que ejercen sobre los demás, por eso la comunidad crece y se multiplica. En todo esto, al leer el relato, no da la impresión de que dichas actividades las realice un grupito de élite de la comunidad, sino que todo el grupo estaba de alguna forma implicado en ellas. La acogida de nuevos miembros interesaba a todos; el bautizo de los neoconversos o de los catecúmenos era una fiesta para toda la comunidad. Así es una comunidad seria; una familia. Comparando realidades Ahora se echan de menos la mayoría de esta cosas, no sólo en nuestra parroquia, sino en casi todas; tal vez son excepción algunas parroquias o comunidades de misiones. Hay cosas que se pueden, y, a mi juicio, se deben hacer, en nuestra parroquia. Merece la pena pensarlo, proponerlo, … Ejemplos: a) Formación: Tomarse muy en serio la necesidad que tenemos de formación. Tenemos ahora (a D. gr.) un medio fácil y asequible: El Itinerario de Formación de Adultos. Muchos pueden hacerlo; sólo hay que decidirse, unirse, formar un grupo… y echar a andar. Hay monitores preparados. b) Implicarse: Respaldar, con la presencia y el interés, los trabajos de la acción pastoral. Hay quienes no podrían ser monitores en las catequesis pre-bautismales y pre-matrimoniales, por diversas causas, la preparación, capacidad, continuidad, etc.; pero si pueden respaldar con su presencia dicha labor. Así pueden dar testimonio de su fe; colaborar en la acogida de los alejados, hacer ambiente de comunidad. También las catequesis de niños necesitan el apoyo de la comunidad parroquial, sobre todo a la hora de tratar con los padres intentando que se interesen e impliquen … c) Participar: La comunidad debe interesarse y participar, cuanto pueda en las actividades de los diversos grupos, que apenas se comunican, son casi “estancos”. Las Eucaristías dominicales y festivas son casi lo único que celebramos comunitariamente. La comunidad no tiene en cuenta la celebración de otros Sacramentos… Las Asambleas que se programan son un poco deprimentes en punto a asistencia; quedan poco menos que desiertas. Hay que detectar las causas y corregirlas. d) Otras acciones posibles. Hay medios y técnicas que no utilizamos jamás, mientras si lo hace otras iglesias e instituciones: · Reuniones formativas por las casas (los misioneros las organizan y las programan, en las Misiones Populares). · Buzoneo con motivo de campañas especiales (las hacen los comercios, los partidos, etc.). · Ciclos de conferencias sobre temas actuales. (Se hizo alguna vez) · Visitas a domicilio con motivos particulares. Algunas causas de anquilosamiento Con el tiempo, vino el régimen de “cristiandad”. La Iglesia, en los países cristianizados, cesó en la acción misionera, se tranquilizó a sí misma como en pacífica posesión de la verdad. La acción misionera pasó a otros lugares. Con la caída del Imperio Romano y la gran depresión de la Edad Media, ocurrieron dos cosas: a) La Iglesia pasó a ejercer poder temporal y político. (Cosa que en parte fue conveniente como suplencia; pero se prolongó en el tiempo y le tomó gusto). b) La ignorancia abundó por todas partes; la cultura se refugió en unos pocos monasterios y comunidades. Casi se pierde el sentido de comunidad. (Hubo que imponer la misa dominical para que no acabara perdiéndose). La historia es larga. Aquí no cabe todo ni hace a nuestro caso. Nosotros vivimos una etapa en que la Iglesia intenta realizar una Nueva Evangelización; pero es muy difícil reedificar una casa mientras se sigue viviendo en ella. Conservamos muchos principios, formas y métodos de tiempos de cristiandad, cuando ya la sociedad no es cristiana; p. ej.: Todos se bautizan y nadie tiene en cuenta las exigencias del bautismo. Y así otras.. También nos ocurre a nosotros: Casi todo nuestro esfuerzo evangelizador se gasta y se desgasta en las catequesis infantiles por la presión social que trae consigo la celebración de los Sacramentos del Bautismo, la Confirmación, las Bodas y los Funerales; todo hecho a boleo, sin apenas preparación y exigencia. En mayoría de casos son hechos sociales más que hechos de fe. No podemos nosotros, por nuestra cuenta, dejar de hacer tales cosas, rompiendo drásticamente; pero teníamos que relativizarlas o revalorarlas y poner cada cosa en su sitio: Dar a cada cosa el esfuerzo pastoral y misionero que realmente necesita y merece, a pesar de la natural resistencia y pereza propia de la masa. ¿Cómo se hace eso? ¿Quiénes lo hacen? ¿Con qué medios, con qué garantía y con qué respaldo? Creo que todo esto necesita reflexionar, anotar iniciativas, hacer una lluvia de ideas, confrontarlas, resolver, planificar; todo, menos quedarse plantados mirando al cielo. El tema queda abierto.
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