DOMINGO V

TIEMPO ORDINARIO

 

 

 

Ambientación :

                                              

                                        Dios conoce profundamente a sus criaturas; sus cualidades y deficiencias, lo que cada uno puede dar de sí. A todos ama y sostiene;. A nadie exige por encima de sus fuerzas. “Señor, tu me sondeas y me conoces”.

Dios llama a personas concretas para misiones especiales: A ser apóstol, a ser profeta,  sacerdote,  religiosa, … Testigos suyos  en los diversos ámbitos de la vida. En su nombre van al mundo para hacerlo más humano.

A los que llama, los capacita para la misión que les encomienda. Quien es llamado  no debe temer ni sentirse incapaz. El Señor le dice:  “Yo estoy contigo”.

El que es llamado encontrará, en el cumplimiento de la vocación, su plena realización y la mayor felicidad posible en esta vida.

Si eres llamado, que sea  esta  tu  actitud“Aquí estoy, Señor, envíame”.

 

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DOMINGO V. TIEMPO ORDINARIO. CICLO C

 

(Is 6,1-8 I Cor 15,1-11 Lc 5,1-11)

 

HOMILÍA :

                            

                        El tema de las lecturas de hoy es la llamada de Dios a la misión de predicar el Evangelio, la vocación, lo que Dios quiere de alguien en concreto:  llevar la Buena Noticia.

Isaías cuenta su vocación: Tiene una visión, quizás en el templo; siente la presencia de Dios, grande, majestuoso; no ve su rostro, sino sólo la orla del manto de gran rey y a los Serafines, que se tapan la cara temerosos de mirar directamente al Señor. Se siente impuro, indigno, no por una culpa concreta, sino por contraste con la santidad de Dios. La presencia divina lo llena de temor: “¡Hay de mí, siendo de labios impuros, he visto al Señor!”.   Oye al Señor, que dice: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por Mí?.  No se siente aludido hasta que un serafín purifica sus labios con un carbón encendido.  Ya no hay obstáculo; ahora la voz del Señor encuentra eco en su corazón; es Dios quien llama: “Aquí estoy, envíame”.

Lucas presenta a Jesús predicando a la gente desde la barca de Pedro y llamando a los primeros discípulos para convertirlos en apóstoles o enviados suyos. No nos cuenta el discurso, sino el resultado de su siembra de la Palabra. Dice a Pedro: “Rema mar adentro y echad las reces para pescar”.  Pedro es marinero pescador y sabe que no es el día ni la hora para pescar; pero, ¿cómo negarse al amigo Jesús, que le habla tan convincente y amablemente?  “Por tu palabra, echaré las redes”, contesta .

Una pesca colosal choca fuertemente con su experiencia de pescador avezado. No es normal. Allí estaba la mano de Dios. Pedro, como Isaías, se siente anonadado e impuro ante la presencia divina: Cae de rodillas, “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”.  Un sentimiento de temor embargaba a Pedro y sus compañeros. “No temas, desde ahora congregarás personas”, no peces. Ahora prende la llamada de Jesús en sus corazones. Siguen siendo pobres hombres y pecadores, pero ahora han sido llamados y capacitados para anunciar la Palabra de Dios.  No se han apuntado ellos a ser predicadores; los ha llamado Jesús, y ellos han respondido a la llamada. No dijeron “aquí estoy, envíame”; no hizo falta. “Sacaron las barcas a tierra y lo siguieron”.

Dios es quien llama al apóstol, al sacerdote, al profeta, al misionero, al catequista, al testigo, a todas las vocaciones, gracias y carismas que se dan den la comunidad eclesial. No siempre se dan signos especiales que garanticen la autenticidad de la vocación; pero es normal que haya en el candidato una fuerte experiencia de Dios por la vida de fe, por la oración, por las circunstancias que vive y experimenta la persona llamada, que quizás nadie más percibe.

Así se explica la fortaleza de los mártires, la constancia y resistencia de misioneros, religiosas, gente que entrega su vida a fondo perdido en aras de amor a Dios y al prójimo. Dios llama por los medios más insospechados; y entonces, hay que decir “Aquí estoy, envíame”, “Aquí me tienes, qué debo hacer”, ¿qué quieres de mí?. No ha lugar al miedo; se deja lo que sea, no lo lamentarás. Quien te llama es generoso.