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TIEMPO DE NAVIDAD (Misa del día) LA NATIVIDAD DEL SEÑOR SOLEMNIDAD |
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Homilía a cargo de nuestro párroco Don Ramón López Sevillano |
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de Isaías 52, 7-10
Verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios
¡Qué hermosos son sobre
los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva,
que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara a Señor, que
vuelve a Sión.
Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su
pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de
todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro
Dios.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6(R.: 3c)
R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.
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SEGUNDA LECTURA
Dios nos ha hablado por el Hijo
Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros
padres por los profetas.
Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado
heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.
Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su
palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está
sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre
los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.
Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o:
«Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»?
Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo
todos los ángeles de Dios.»
Palabra de Dios.
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Aleluya
Nos ha amanecido un día sagrado; venid,
naciones, adorad al Señor, porque hoy una
gran luz ha bajado a la tierra.
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EVANGELIO
La Palabra se hizo carne y acampó
entre nosotros
+ Lectura del santo evangelio
según san Juan
1, 1-18
En el principio ya
existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se
ha hecho.
En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos
vinieran a la fe.
No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en
su nombre.
Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de
Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Éste es de quien dije: El que viene detrás de mí pasa delante de mí,
porque
existía antes que yo.»
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron por
medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre,
es quien lo ha dado a conocer.
Palabra de Dios.
Ambientación:
Celebramos el acontecimiento más grande de los siglos: Dios entra en la
historia humana. El eterno nace en el tiempo, se hace histórico.
“El Verbo se hizo carne y vino a vivir con nosotros”.
No viene con
poder, majestad y gloria; no viene juzgar y castigar nuestro desamor y
nuestra malicia; viene hecho Niño indefenso, necesitado de nuestro amor y
cuidado; No intenta vencer, sino convencer.
Al venir, nos sonríe, nos perdona, nos abraza. Acepta ser de nuestra
familia y nos da la suya, su amor, su casa, su gloria.
A los mismos ángeles mandó celebrarlo y proclamar: “Gloria
a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres porque Dios los ama”
“De muchas maneras habló Dios a los hombres por los profetas”,
Había anunciado que vendría como Pastor a su pueblo; pero
la realidad supera la promesa: Tomó nuestra condición y nos dio la suya;
abrazó nuestras penas y nos dio su gloria. “Y
el Verbo de Dios se hizo carne”;
y, siendo Dios, habitó
entre nosotros, ¡¡ hecho Hombre para siempre !!
NATIVIDAD DEL SEÑOR, B,
2011
(Misa del Gallo: Is 9,1-6
Tit 2,11-14
Lc 2,1-14)
HOMILÍA:
Lo que celebramos hoy no entra en la lógica humana.
Que Dios baje de su altura para estar cerca de nosotros; que se
nos acerque tanto que se haga uno más, en el seno de una mujer; que nazca como
niño pobre y se acueste en un pesebre, que viva sometido a una vida dura y
azarosa, no tiene otra explicación que el amor.
Sentirse así amado por el mismo Dios es como para enloquecer, reventar de
alegría.
Llenarse de alegría al celebrar esto en la Navidad es
oportuno, necesario, casi inevitable. Pero también es necesario reflexionar
y ser muy realistas.
Nadie quiere que su hijo nazca en un estable y tenga por cuna un
pesebre. Si Jesús nace pobre, si emigra a Egipto, si se
desvive por los enfermos, los marginados, los pecadores, ...; es porque ama
a los pobres, emigrantes, enfermos, marginados, pecadores; a todos. Que la
alegría no nos haga olvidar esto.
Queremos a Jesús lo adoramos y lo comemos en
la Eucaristía; lo respetamos y lo amamos en
el crucifijo: ponemos la
imagen de Jesús-Niño una cesta de paja, la besamos, le cantamos
nuestro amor. Así es justo hacerlo. Pero tenemos que verlo aceptarlo y
amarlo también en todo ser humano: pobre, emigrante, gitano, marginado; en
gente que no son de nuestro rango o de nuestro gusto? Si no lo hacemos así,
no estamos aún en la lógica de Dios; la lógica del amor; la ley de Jesús.
En todos ellos, en todo ser humano, está Cristo de alguna manera. Pero aún
hacemos discriminaciones. Toda persona de carne y hueso es mejor imagen de
Jesús que las figuras que ponemos en los altares por muy bendecidas que
estén. Besamos la imagen del Niño Jesús en una cesta con paja, y al
Crucificado; no son imágenes vivas la gente sí. Hay que tratarlo en el
desgraciado con el mismo respeto y cariño.
No es mi intención aguar la fiesta a nadie. Vivamos la gran alegría de
sentirnos amados por Dios, pero seamos consecuentes y sintonicemos con la
postura de Jesús de Nazaret. En Él hemos sido llamados a ser hijos
de Dios, nacidos del agua y la Palabra, bautizados, rescatados de toda
impiedad para que nos dediquemos a las buenas obras. Jesús vino
para hacernos verdaderamente humanos y hermanos de todos. Cuando lo hacemos
así, la alegría está justificada y llega a ser plena.
Si aprovechamos, como el mundo, las luces y las panderetas
de Navidad para vender más y consumir sin medida, es que no hemos entendido
nada.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres, porque Dios los
ama. A todos.
Los cristianos celebramos Natividad del Señor con grandes fastos, mientras
el gran misterio de la Encarnación queda un
poco en la penumbra, cuando el Nacimiento es el fruto visible de la
Encarnación del Verbo, que llevaba ya meses en el seno virginal de María.
Encarnación y Nacimiento quedan unidos en el misterio del Emmanuel,
Dios-con-nosotros. Todo parte del Dios-Amor.