TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO IV

 

Homilía a cargo de nuestro párroco Don Ramón López Sevillano

 

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura del libro del Deuteronomio 18, 15-20
Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca

 

Moisés habló al pueblo, diciendo:
- «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir, "
El Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá."»

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9
 

R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,
aunque habían visto mis obras.»
R.



 

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SEGUNDA LECTURA

La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 79 32-35

Hermanos:
Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido.
Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.
Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.
 

Palabra de Dios.

 

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Aleluya Mt 4, 16
El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.

 


 

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EVANGELIO
Enseñaba con autoridad

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus -discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenla un espíritu inmundo, y se puso a gritar:
- «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó:
- «Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:
- «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

 
Palabra de Dios

 


 

 

Ambientación:

                        Jesús predicaba el Reino de Dios. Un mundo nuevo en el que los humanos vivan liberados de todos los males y de las pasiones que los esclavizan y les arrancan su dignidad.  Su palabra quedaba garantizada por sus buenas obras y las señales milagrosas que sólo Él puede hacer.

         Su palabra es para nosotros la verdad; la luz y la guía, que necesitamos, para luchar contra el mal y contra la mentira; para descubrir los caminos de Dios que conducen al Reino.

         Jesús no enseña de forma autoritaria ni impositiva ni pedante. Enseña la verdad y la enseña con amor. La verdad en sus labios se impone por su fuerza y se recibe con admiración y alegría..

DOMINGO 4º. DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

(Dt 18,15-20   I Cor 7,32-35   Mc 1,21-28)

HOMILÍA:

                        Dijo Moisés al pueblo. El Señor, tu Dios, te suscitará, de entre tus hermanos, un profeta como yo. A él escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Orbe el día de la asamblea”.  Ese día citado, pasaron los israelitas mucho miedo: Ardía la montaña, relámpagos continuos, truenos atronadores.  Quizás quiso Dios impresionar al pueblo recién librado de Egipto y respaldar a Moisés, pues cuando hablaba Moisés Dios le respondía con el trueno.  El pueblo llegó a pedir a Moisés:Háblanos tú y obedeceremos; que no nos hable el Señor, no sea que muramos”. El Señor me respondió Tienen razón; suscitaré entre sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande”. 

El Pueblo de Dios, destinado a llevar el nombre, la noticia de Dios, ante otros pueblos, debe fundarse en la verdad, en la palabra de Dios, porque la palabra humana es falible y engañosa.  Dios envió muchos profetas a Israel que predicaron la palabra de Dios; como también hubo muchos falsos profetas, que fingieron hablar en nombre de Dios. Ninguno de los profetas santos y buenos pretendió jamás igualarse a Moisés. Este párrafo apunta sin duda a Jesús de Nazaret, Profeta y Legislador que supera a Moisés.

            La palabra de Dios tiene que ser fiable, tiene que llegar al hombre con garantía. Dios respalda al profeta: “Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande”. A quien no lo escuche, le pediré cuenta; y si alguno se atreve a hablar falsamente en mi nombre, lo condenaré”. El mismo Moisés y los profetas posteriores a él apelaban siempre a la autoridad de Dios: “Esto dice el Señor...”;  “Oráculo del Señor, ...”; “Me vino esta palabra del Señor, ...”.  Es decir, ninguno de ellos hablaba con autoridad propia; Dios era la garantía de lo que decían.

Jesús, en cambio, habla con autoridad propia; Él personalmente es la Palabra de Dios.  La gente veía a Jesús-Hombre; por eso, para que entiendan que en Él habla Dios, recurre a las obras que nadie puede hacer sin intervención divina, el milagro.

         El evangelio de hoy presenta a uno poseído de un espíritu inmundo; no parece un verdadero endemoniado. Más bien un trastornado psíquico, un furibundo, un fundamentalista, que no soporta a los demás y odia la libertad, que representa Jesús. Ante Él se enfurece, se le enfrenta, lo llama el Santo de Diosy le habla de forma insolente. Jesús lo hace callar y lo cura.  Los presentes perciben el portento y estupefactos preguntan: “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo”.  La palabra de Jesús alcanzaba así garantía plena. La gente percibe la gran diferencia entre la palabrería de los predicadores escribas y fariseos y  Jesús de Nazaret… No enseña de forma autoritaria ni impositiva ni pedante. Enseña la verdad con amor. La verdad en sus labios se impone por su propia fuerza y se recibe con admiración y alegría.. 

            Hoy no hablamos de demonio y endemoniados; sin embargo, el mal pulula por el mundo, y todos tenemos experiencia de sus estragos. “Demonio”, “daimon”, significa “espíritu del mal”;  “diablo”. “Diábolos”, quiere decir “mentiroso, calumniador”.  Quiero decir que ni importa el nombre que le demos ni que le atribuyamos personalidad; el hecho es que hay muchas personas sufriendo porque serpentean por esta vida la mentira y el espíritu del mal, aunque sea por obra de otras personas.  Nosotros tenemos que defendernos y oponernos a todo mal y toda mentira buscando la verdad con ayuda de la Palabra de Dios. Eso mismo hizo Jesús en el desierto ante las sugerencias del tentador: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. ... Apártate, Satanás, que solo se puede adorar y servir a Dios.  Mucha gente sufre por la mentira y toda clase de males; nosotros estamos llamados a ayudarles a desembarazarse de ellos. Quizás a eso se refería Jesús cuando dijo: Curad los enfermos, echad demonios y anunciad el Reino de Dios.

            La Eucaristía que celebramos y comemos nos va identificando con Jesús para que sus obras salgan también por nuestras manos y Dios sea glorificado.