TIEMPO ORDINARIO

DOMINGO V

 

Homilía a cargo de nuestro párroco Don Ramón López Sevillano

 

 

PRIMERA LECTURA

 

Lectura del libro de Job 7,1-4.6-7
Mis días se consumen sin esperanza
 

Habló Job, diciendo:

«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.

Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.

Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL

Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6
 

R. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

Alabad al Señor, que la música es buena;

nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.

El Señor reconstruye Jerusalén,

reúne a los deportados de Israel. R.

Él sana los corazones destrozados,

venda sus heridas.

Cuenta el número de las estrellas,

a cada una la llama por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso,

su sabiduría no tiene medida.

El Señor sostiene a los humildes,

humilla hasta el polvo a los malvados. R.



 

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SEGUNDA LECTURA

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23

Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

 

Palabra de Dios.

 

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Aleluya Mt 8, 17
Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.
 


 

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EVANGELIO
Curó a muchos enfermos de diversos males

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: - «Todo el mundo te busca.»

Él les respondió: - «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 
Palabra de Dios

 

 

 


 

 

Ambientación:

            Uno de los grandes males que azotan al mundo es el hambre, por malicia de unos pocos, desgracia de muchos e indiferencia de los más....

        •
Acabar con el hambre es posible y Dios lo quiere. Muchos pobres esperan esa buena noticia. Los cristianos debemos tomarlo como tarea de nuestro amor de caridad cristiana.

        •
Manos Unidas nos sale al encuentro, nos ofrece cauce, para que nuestra ayuda generosa, de mano en mano, llegue hasta nuestros hermanos hambrientos.

 

DOMINGO 5º. DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

(Job 7,1-4.6-7 I   Cor 9,16-19.22-23   Mc 1.29-39)

 

HOMILÍA: 

                        Vivir la fe es un caminar por un duro desierto. Siempre en progreso y en trance de purificación; obstáculos y sorpresas frecuentes; momentos dramáticos en los que se pierde el camino, se cierra el horizonte.

            Al principio, los israelitas creían que todo les iba a ir bien, si eran fieles al Señor; más tarde, descubren que no siempre es así; con culpa o sin ella hay días tormentosos en que se cierra el cielo; y, ahora, ¿dónde está Dios? ¿qué ha sido de sus promesas? Es el tema del Libro de Job.

 

            El libro de Job no es una historia real, sino una obra literaria, que narra dramáticamente una experiencia profunda de fe a través del dolor de su protagonistaJob es un hombre de fe que cae en grave enfermedad y  desgracia; sufre y acepta el sufrimiento como parte de la vida que Dios le ha dado: “Si recibimos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?”. Pero Job protesta por un sufrimiento, que considera gratuito; pues no se debe a culpa por su parte. Job llega a encararse con Dios. Hay tres amigos que zahieren a Job y lo acusan de hacer injusto a Dios, pues razonan que si Job está sufriendo es porque es culpable de algo. Job se rebela contra tal acusación. Su protesta no es rebeldía contra Dios, sino por el sinsentido de un dolor no merecido, como diciendo: “No lo entiendo, pero aunque me machaques, seguiré respetándote”.

 

            El sufrimiento, de una forma u otra, antes o después, alcanza a todos, aunque en diversa medida. Cuando experimentamos el mal sin motivo ni sentido; cuando las cosas van mal sin culpa nuestra, se tambalea la razón del hombre, incluso la fe del creyente entra en desierto, en  tentación; y empiezan unas preguntas, que no siempre nacen de la rebeldía, sino del absurdo. ¿Por qué el paro, la crisis, el cáncer, niños que mueren de hambre?  Rezamos y nada; ¿es que Dios no se entera, no le importa?

 

Aparentemente Dios no se porta bien; aparentemente. La humanidad comete muchas maldades, crímenes, genocidios; pero nos parece que no es culpable de las catástrofes naturales, las pandemias, etc. Y sobre todo el hecho del sufrimiento de los inocentes, niños, etc. Tampoco da explicaciones. El “Silencio de Dios” atormenta seriamente a los hombres. De eso protesta Job, personaje ficticio, que refleja la queja, la duda, la perplejidad de todos. ¿Existe Dios?, ¿Dónde Está?  Parece como si Dios compartiera nuestra impotencia y limitación. Sólo que Él no se acobarda.

 

            La realidad es que se toma muy en serio el sufrimiento humano: Jesús, el Dios-Hijo, vino a enseñarnos a luchar contra todo mal; experimentó los “males, la soledad, el fracaso, el abandono, la tortura, la muerte, la indiferencia, el desprecio”. Todo esto lo aceptó por amor. Todo esto se expresa con la palabra “CRUZ”. Pero la Cruz marca el punto de su gloria y es signo y promesa de nuestro destino glorioso. Todo lo anterior tiene sentido desde que Jesús resucitó.

 

            Marcos narra con detalle una jornada entera de sábado Jesús: “Predica en la sinagoga y, al volver, cura de la fiebre a la suegra de Pedro. Él le ayudó a levantarse, ella se puso a servirlos. Llega la noche. Libres ya de la observancia del sábado, la gente lleva a enfermos y endemoniados a presencia de Jesús. Se nota que la predicación de la tarde ha hecho efecto; la gente ha creído en su palabra, que ahora queda confirmada por diversas curaciones. Tras un breve descanso, Jesús completa la acción con la oración, el encuentro con su Padre Celestial, que es para él como respirar. La gente lo busca interesadamente; quieren que se quede; pero él es consciente de que otros muchos lo necesitan, y debe llevar adelante su misión.

 

            Una página que muestra a Dios junto al hombre luchando codo a codo contra el mal y el dolor, sembrando esperanza y dando vida. Destruir al mal, no a los hombres, aunque aún sean malos. Así es nuestro Dios, y espera que nos unamos a su lucha en nuestro favor.  Tarea queda siempre, y más con los tiempos que corren y los que se avecinan.

 

            Es la Buena Noticia que celebramos en  la Eucaristía.